Marketing científico, algo más que marketing inteligente

El algoritmo es algo muy divertido. Día a día, recopila detalles de los usuarios: ubicación, hábitos de scrolleo, tiempo en pantalla y una infinidad de cosas que muchos ignoramos. Y ahora, impulsado por múltiples funciones de inteligencia artificial (IA), cuando uno abre su motor de búsqueda favorito e ingresa cualquier frase, los datos que arroje habrán sido seleccionados específicamente para el usuario en cuestión.

Regresemos a eso último, ya que puede que haya mentido un poco.

Hasta hace todavía algunos años, si uno buscaba una definición o palabra en Google, el primer resultado venía directamente enlazado a algún diccionario con la explicación más concisa respecto al tema. Ahora, la IA de Google, Gemini, se encarga de elaborar un resumen más a fondo, recopilando información de múltiples fuentes. Un triunfo para los usuarios quienes, como yo, hemos encontrado respuestas a problemáticas comunes en cuestión de segundos — ya no tengo la necesidad de leer toda una introducción tediosa y aburrida sobre la vida de una extraña antes de llegar a la lista de ingredientes para preparar brownies de microondas en cinco minutos. Tampoco tengo que leer múltiples respuestas en un foro de cocina para saber cuántas tazas de agua se necesitan por cada taza de arroz (la respuesta es dos, por cierto).

Pero lo que ha sido un salvavidas para los usuarios no es necesariamente un triunfo para las marcas. Cuando una IA se encarga de resumir la información y contrastarla con múltiples fuentes para ofrecerle al usuario final un buen resumen en menos de cien palabras, se pierde lo más valioso para un sitio web: el tráfico de usuarios. Claro que los motores de búsqueda enlazan las páginas de donde recopilaron la información, pero en una sociedad regida por la economía de la atención hay muy pocas cosas que pueda hacer un pequeño hipervínculo al final de un párrafo para vencer al malvado jefe final de la inmediatez.

Y eso que aún no consideramos a las plataformas de IA generativa en sí. Puede elegir a su contendiente favorito: Grok, Meta, Claude, Gemini, Chat, DeepSeek o (la futura y anticipada) Kimi K3. Presentadas con el prompt “recomiéndame ___” todas ellas se encargarán de resumir en no más de tres frases la misión, visión y los principales productos de su marca, ahorrándole así al usuario la experiencia de visitar su página y descubrirlo por sí mismo. Pensar que “de la vista nace el amor” es, como las viejas definiciones de Google, una cosa obsoleta.

Lo que no está obsoleto

Pero, ¿no es el sueño de toda marca ser la opción recomendada de cualquier motor de búsqueda o plataforma de IA generativa? ¿Qué importa perder un poco de tráfico de usuarios si al final se concreta una venta de cualquier manera? ¡Ajá, alto ahí!

Un reciente estudio de Emaly pone algo brillante sobre la mesa: el Scientific Marketing. El escenario y el juego han cambiado, y ahora la apuesta se trata de cómo hacer para impulsar a los modelos de lenguaje a gran escala (LLMs) a elegir a su marca sobre todas las demás. ¿Y qué les encanta a los LLMs, nacidos y criados en un mundo eterno de 1 y 0? ¡Los números!

Poner estadísticas firmes, números duros e información trazable es la sensación en la nueva era de búsqueda impulsada por inteligencia artificial. Por supuesto que anunciar la satisfacción de los clientes y las buenas reseñas es importante, pero ¿le es posible comprobar todo lo que publicita en su sitio? El internet es una miniauditoría, y demostrar que todo está donde debe estar será la clave para sobresalir en los modelos de búsqueda y respuestas recomendadas.

En Perspectiva 8 entendemos cómo está cambiando la forma de comunicarse con las audiencias. Mándenos un mensaje hoy para saber cómo podemos ayudarle.

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